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Macarena Lavín




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CONMOCIONADOS

Esperan en un patio interior, como un equipo antes de salir a la cancha. Acaban de cambiarse, todos juntos y revueltos, en una pequeña mansarada. Ellas, con amplios vestidos que recuerdan a los bailes gitanos de La Tirana, ellos, con guayaberas y camisas de colores tropicales.

Maquilladas como actrices a punto de salir a escena, las mujeres se ven esplendorosas. Cargando pesadas tubas, bombos enormes y trompetas, se ven como una orquesta a punto de recorrer polvorientos caminos. Juntos, los diecinueve músicos parecen un carnaval a punto de estallar como una inesperada lluvia de challas. Entonces cruzan la calle.

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"¡Ya viene una banda que les va a hacer bailar, a causar jolgorio y alegría!" dice el animador de un evento a beneficio de la Municipalidad de Lo Barnechea. Iluminados con la luz del atardecer, las familias que repletan el lugar miran instintivamente el escenario pero nadie aparece. Los bronces y la percusión tronan fuerte, anunciando de lejos una procesión que irrumpe en medio del público. Entonces todo estalla como una fiesta inesperada.

En medio de la gente, como les gusta, la Conmoción tocando en Pozo Almonte, en el video de abajo.



Jecca González y Daniel Flores encabezan la procesión que se mete en medio de la gente. Ella es bailarina y profesora de danza en el Arcis en Valparaíso. Él, acordeonista y terapeuta ocupacional en el Hospital Sótero del Río, se acaba de comprar un micrófono inalámbrico que le permite moverse por todas partes. Ella baila con una increíble soltura, tocando pandereta y platillos, siempre con la sonrisa en la cara, mientras los trompetistas acorralan a los espectadores con sus instrumentos.

La gente está conmocionada. Por los colores, por las coreografías que juguetean con ellos, por ese exquisito placer de oír tronar festivos instrumentos acústicos a centímetros de tus oídos. Casi sin darse cuenta sus caras de sorpresa cambian por la felicidad, esa felicidad transparente que se ve sólo en la cara de los niños. O de los adultos cuando brillan como cabros chicos.

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Entonces abuelitas, papás con sus hijos en los hombros y fans del grupo, no paran de reír en todo lo que dura el show, disparando cámaras y celulares, tratando de atrapar eso que sólo se puede sentir cuando ves una de las mejores bandas chilenas en vivo: la Banda Conmoción.

Media hora sin parar y se despiden con una carnavalesca versión de "Quizás, quizás", el clásico popularizado por Nat King Cole, que dedican a dos señoras que quedan felices. Entonces el puñado de fans de la banda comienza a pedir el bis, con un grito que ya es un clásico en cada uno de sus conciertos "¡Si no hay, Conmoción, quemaremos esta cuestión!"

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De vuelta a la mansarda post show, todos se cambian de ropa mientras abren la colación que les regaló la organización del evento a beneficio: un sándwich, un jugo y una naranja.

Jecca está de naranjo furioso. Se toca la red de colores que afirma su cabello, mientras cuenta el origen del cántico. "Hace como cinco años estábamos en la Universidad de Concepción y unos tipos estaban cantando Silvio Rodríguez. La gente estaba muerta de frío. Hasta que empezamos a tocar nosotros y prendimos el ambiente. Ahí nació todo:'Si no hay Conmoción quemaremos Concepción', empezaron a gritar”.

Abajo, jugando de locales en el Galpón Víctor Jara, con una clásica morenada.



La arenga clásica se puede oír en versiones distintas según donde toquen. "Quemaremos el Galpón", se suele oír en el Galpón Víctor Jara del Barrio Brasil, el primer escenario grande en el que tocaron, el mismo que convirtieron en su casa desde el 2005 tocando todos los meses, fin de semana tras fin de semana. O puede ser simplemente "quemaremos esta cuestión”, que se aplica a cualquier parte.

Plazas, casas de amigos, actos de beneficencia, matrimonios, bautizos, locales varios, funerales o una calle cualquiera. Medio Santiago se ha salvado de ser incendiado gracias a la Banda Conmoción que tan prendidos como su música, no fallan, y ante la insistencia del siempre eufórico público son capaces de alargar los conciertos con sus chachachás, cumbias, tinkus, música andina y balcánica. Eso, hasta que sus camisas empapadas de sudor ya no dan más. Una tradición infaltable en sus conciertos, tanto como el cántico aquel, tanto como esa costumbre de bajarse del escenario para meterse entre la gente y terminar tocando en la calle.

Abajo, un tinku “conmocionado”.



LA VIDA ES UN CARNAVAL

Aunque la Banda Conmoción comenzó a funcionar como grupo el año 2000, cuando decidieron convertir su trabajo de musicalización en la Compañía de teatro Callejero Los Mendicantes -donde estaban desde 1997- en un proyecto paralelo con vida propia, eso de terminar los conciertos abajo del escenario, en la calle, en medio de la gente, no viene del teatro sino que de las manifestaciones populares nortinas, cuenta Cristián "Huevo" Sanhueza, director del grupo, quien, como buen nortino, creció en medio de carnavales.

"Hay algo que mueve la gente que es la fe y otra el fervor. Por ejemplo, en San Lorenzo es el pueblo el que lleva la fiesta. Es bonita y bien poderosa. Hay una procesión en que llevan al patrón. En La Tirana hay una tradición de ir al cementerio a saludar a los músicos en la víspera del 16, pero ahí participan agrupaciones de baile religioso y tú tienes que estar durante todo el año pagando la mensualidad y con un montón de reglas que a mí no me interesan", cuenta.

Abajo armando un carnaval altiplánico, con fuegos artificiales, figurines y una cumbia villera, que muta a un huayno.



Y eso de tocar en matrimonios, funerales y bautizos, que es una tradición bien altiplánica y balcánica, ¿nació de eso?

“Se fue corriendo la voz entre las personas del público, amigos. La gente decía 'oye, tengo un primo que se va a casar y sería bueno que ustedes tocaran'. Han salido matrimonios y funerales de la banda misma. Lo que más nos marcó, fue uno de los velorios de un angelito de un integrante de la banda. Nos destrozó el corazón, pero fue súper bien llevado.

Las situaciones no quitan que uno celebre o ayude la ida de un alma. Se recoge otro repertorio pero con la misma fuerza. Hay momentos súper sublimes y delicados pero hay otros que son como si el muerto estuviera puro vacilando, jajajaja. No nos alegra que se haya muerto, sino que se pueda contribuir con la música a que el alma esté más tranquila".

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¿Qué cosas de las festividades nortinas se han traspasado a la banda?

"El sol, el calor, el pasarlo bien y sentirse dentro de una fiesta de pueblo. No por una necesidad de responder musicalmente a algo, si no más que nada por esa unión grupal de banda de pueblo que toca medio desafinado, pero que en el trayecto del curso van mejorando, se van afinando”.

Eso de ir armándose en el camino se nota. En la llegada y salida de integrantes, en tocar cada vez más y mejor. En pasarse ocho años sin sacar un disco, afinándose, decidiendo postergarlo hasta que todo sonara como debía sonar. Hasta sacar su debut “Pregonero” recién hace un par de semanas, y encontrarse con que la canción que le da el nombre al disco, venía rayada.

Abajo, el video de esa canción, su primer single.



El problema ya se solucionó y en un par de semanas el disco estará listo, sin fallas. "Le dije a la banda, 'debemos sentirnos orgullosos que somos el 0,01% de las probabilidades del error'. Esto pasa raramente y nos pasó. Somos una banda marcada", dice Sanhueza.

¿Esa escena de música tropical que se impuso en el Barrio Brasil con Chico Trujillo, La Mano Ajena y Juana Fe,puede ser el nuevo carnaval de la zona central?

“Sí, porque hay varias bandas más que están retomando la cumbia, realmente algo que va muy en la sangre y todos con distintos estilos. Nosotros también acercamos la gente al folclore, para que no lo vean tan encasillado y ajeno sino que como una expresión espontánea también. Si en los carnavales se celebra la vida. Formaron parte de la mía. Son como los cimientos de mi vida”.

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Eso se nota en el Galpón Víctor Jara. Es el día de lanzamiento del disco y el lugar está repleto. Tiras de colores, verde, morado, naranjo y amarillo cuelgan del techo, explosiones de challas caen entre el público, incluidos los invitados de todas esas bandas que han dado vida a la escena del Barrio Brasil. La Banda Conmoción vestida de lujo para su fiesta, toca sin parar, a excepción de un pequeño intermedio que se hace eterno, donde el grupo cambia sus empapadas ropas.

La gente baila enfervorizada como si estuvieran en el matrimonio o el bautizo de su mejor amigo. Lo hacen como lo han hecho tantas otras veces con el grupo que vieron crecer, el mismo al que vuelven una y otra vez como a un amor que no se acaba nunca. "Todos los matrimonios y el dolor de los funerales, inevitablemente les llegan al público. De alguna manera, cada vez que nos ven, les queda la muerte y la vida impresa. Y esa huevá es mortal, porque se produce ese fervor cuático que deja a todos mojados”, dice Sanhueza.

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Y después de dos horas así están todos. Músicos y gente. Empapados. Entonces, como siempre, la Banda Conmoción baja del escenario y comienza su rito, esa procesión que los hace salir a la calle para seguir tocando entre los clásicos gritos de “Si no hay, Conmoción quemaremos el Galpón". Y aunque no hay llamas en ningún lado, todo –los bronces, la gente, las sonrisas y miradas- están prendidas. Incendiadas, como cada vez que toca la Conmoción.

¡CONCURSO!

Los ganadores de las seis entradas simples que comprobarán in situ tanta maravilla el 5 de diciembre en, cómo no, el Galpón Víctor Jara son:

Daniela Carrasco

Marco Rojas

Matías Zurita

Vanessa Marimón

Héctor Mendoza

María José Acevedo

Se les avisará dónde retirar su premio.


Las entradas cuestan $2.000 anticipada, $3.000 en la puerta.

 

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